Carta del preso político paraguayo Osmar Martínez a lxs prisionerxs políticxs colombianxs


Asunción de 2013

A los compañeros presos políticos colombianos.

Hace tiempo que se me cruza la idea de escribirles pero no sabia como empezar ni que contarles, no quiero empezar hablando de nuestra situación carcelaria en Paraguay, que imagino no será nada diferente a la de los presos políticos de otros países ya que nuestros sistemas penitenciario se parecen todos, y además no quiero compartir problemas que no serian nada agradables para otros presos.

Hoy es un día especial para nosotros los paraguayos en nuestra historia de desdicha, se me ocurre empezar contándoles que el 1° de marzo en mi país es día de los héroes, ya que hace 143 años, en 1870, el Mariscal Francisco Solanos López era asesinado junto con su hijo Panchito López de 17 años y los últimos hombres patriotas en Amambay.

Un día como hoy junto a Francisco Solano López también moría nuestra patria, nuestra Independencia y se enterraba a un pueblo digno de América Latina, así se enterraba a un pueblo que no quiso vivir como esclavo del imperio de aquella época, el Imperio Inglés. Este mismo día, antes de morir, un coronel paraguayo de tan solo 17 años. El Coronel Panchito López sentencio: “Un coronel paraguayo jamás se rinde” y luchó hasta morir. Como de historias de pueblos que luchan se escribe poco, quiero contarles el porqué de esta guerra, la que Eduardo Galeano llama, Pasión y Muerte del Paraguay. Paraguay era en aquella época, el único país verdaderamente independiente de América Latina. Desde 1813 con el gobierno del Dr. José Gaspar Rodríguez de Francia y sus sucesores Carlos Antonio López y Francisco Solano López, Paraguay era el país más desarrollado de América, sin deber un centavo a nadie, y eso era un mal ejemplo para los intereses del imperio ingles que con calumnias levantaron a 3 judas contra nuestro país (Brasil, Argentina y Uruguay obedientes al imperio ingles).

Desde siempre, el Paraguay fue un ejemplo peligroso, para los países pobres y dependientes. Un articulo de 1862 reproducido por El Semanario ” El Litoral” de Paraná, firmado por Evaristo Carriego dice: “Indudablemente el Paraguay nos ofrece un ejemplo que no podemos seguir, porque no tenemos hábitos ni virtudes para hacer un pueblo de esa manera”. El articulista remarcaba que Paraguay generaba cierta envidia y antipatía. “He aquí la razón, porque cuando hablamos del Paraguay hablamos con prevención y hasta con odio. Negamos su progreso porque su progreso nos avergüenza. Negamos su riqueza porque ella es contraste vilipendioso de nuestra miseria. Negamos su prosperidad en todo sentido, porque ese espectáculo de bienestar y engrandecimiento nos abruma, nos mortifica y, digámoslo de una vez, nos causa envidia. El Paraguay, al lado de sus vecinos, es como el fuego lleno de vida al lado de un anciano decrépito, gastado por la corrupción. El Paraguay con su política, con su manera de ser, con su obediencia tradicional es más feliz que nosotros, que todavía andamos revueltos y confundidos después de 5 años (de independencia) sin tener siquiera un solo momento de tranquilidad. Las naciones no encuentran su prosperidad y su grandeza sino en la paz, en la moralidad de sus costumbres, en la estabilidad de sus leyes. El Paraguay esta en esa vía, y será con el tiempo una de las Repúblicas más floreciente de Sudamérica….” Aquel era el Paraguay independiente popular que serbia de mal ejemplo y que motivó la guerra de la Triple Alianza. En cambio, apenas finalizada la guerra, con el lema “paz y justicia” todo modo de producción fue destruido, se vendieron a extranjeros enormes porciones de territorio a precios irrisorios, y los aliados se aseguraron de formar facciones partidarios para luchar en forma sangrienta por el poder, el Partido Liberal vinculado a intereses de Argentina y el Partido Colorado a intereses del Brasil.

Paraguay fue un ejemplo peligroso, al finalizar la guerra, los bancos ingleses hicieron millonarios prestamos al Brasil, Argentina y Uruguay para acabar con la “tierra de regresión” matando a más de la mitad de la población y ayudando luego a los legionarios a borrar la verdadera historia del pueblo paraguayo.

Un abrazo fraterno.
Osmar Martínez, preso político paraguayo.

 

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